lunes, 17 de febrero de 2014

Ojalá algún día vuelvas y no sea oníricamente.

Son las cuatro de la madrugada y aquí estoy, sentada en la cama con un insomnio que agota. Dicen las malas lenguas que cuando no puedes dormir es porque tienes cargo de conciencia y... es posible. No sé, pero me siento tan culpable por echarte de menos, me martiriza la idea de quedarme anclada en todos estos recuerdos, pero es que me niego a avanzar porque dicen el asesino siempre vuelve a la escena del crimen y tú, amor, tú me mataste. Me estrangulaste a abrazos, me apuñalaste a miradas y me envenenaste con palabras infectadas de mentiras. Era tan dulce morir si era en tus manos. Me siento culpable por tanto tiempo después seguir con la misma pregunta constantemente ¿y si no hubiese habido otro puto avión de ida? Me siento tan mal porque quepa la posibilidad de haber sido yo la causante, por no haber sabido cuidar esto o qué sé yo. Y sí, sé que ya no hay vuelta atrás y que por más que duela, desgarre o mate lentamente es lo que ha pasado. No sabes, amor, que todas las noches me voy a dormir con la esperanza de que al despertar nada de esto haya pasado, porque el tiempo lo cura todo, incluso los corazones distanciados y durmiendo el tiempo es tan relativo... Dime que aún queda esperanza, que no la hemos perdido toda.

lunes, 10 de febrero de 2014

El amor está en crisis.

Si hoy estoy aquí no es para hablar de lo bonito que era todo cuando estabas, ni siquiera para mencionar la sonrisa de ese bebé que de vuelta a casa me ha llenado el corazón de nuevo. Hoy vengo para quejarme, vengo a protestar por esta situación que nos rodea, esta crisis de amor. ¿Qué es eso de anteponer el orgullo a la persona por la que perdemos el culo? ¿Por qué negamos que ha sido su sonrisa y no cualquier otra cosa la que nos hace brillar hoy como nunca? No hay nada más triste que ver como damos por sentado que saben que si ya ni le Sacre Coeur nos sorprende es porque después de ellos a cualquier monumento se le queda corto ese apelativo. Se han perdido las costumbres de los “te quiero” sin venir a cuento y en lugar de eso preferimos callarnos. Las canciones más que nunca hablan de desamor, de corazones hechos polvo y que difícilmente van a resurgir de nuevo. Corazones que si están así es porque alguien decidió divertirse jugando, a sabiendas de que hería, que aumentaba el dolor de quien le quería, de quien se jugaba el corazón por él y le importaba lo más mínimo. Nos avergüenza amar, nos acojona. No soportamos la idea de dejar que nadie nos quiera, de querer a alguien. Nos atormenta perder el sueño por alguien que se juega nuestro amor bailando bajo otras faldas y lo pierde. No confiamos en nadie porque ni siquiera lo hacemos en nosotros mismos, en nuestra capacidad de decir “basta” cuando el amor mata más que sana. Esta crisis de amor, viene por el desencanto de comprobar que no hay Benedettis que tengan estrategias para que un día cualquiera sin saber cómo ni con qué pretexto por fin los necesitemos, que no hay Nerudas que nos canten una canción desesperada y que nadie con síndrome Cortázar va a venir a decirnos que si nos caemos nos levantan y si no se acuestan con nosotras. Debemos potenciar de nuevo el amor, sentirnos orgullosos de amar, de querer, o simplemente de apreciar. Debemos decir bien alto que el amor nos llena y nos hace creer en imposibles. Que gracias al amor hasta aquel muro de hormigón , el más denso e irrompible, ha sido capaz de llorar y de sacrificar su fortaleza por la sonrisa de ella. Por favor, que el amor vuelva a merecer la pena porque si no… sálvese quien pueda.