lunes, 17 de febrero de 2014

Ojalá algún día vuelvas y no sea oníricamente.

Son las cuatro de la madrugada y aquí estoy, sentada en la cama con un insomnio que agota. Dicen las malas lenguas que cuando no puedes dormir es porque tienes cargo de conciencia y... es posible. No sé, pero me siento tan culpable por echarte de menos, me martiriza la idea de quedarme anclada en todos estos recuerdos, pero es que me niego a avanzar porque dicen el asesino siempre vuelve a la escena del crimen y tú, amor, tú me mataste. Me estrangulaste a abrazos, me apuñalaste a miradas y me envenenaste con palabras infectadas de mentiras. Era tan dulce morir si era en tus manos. Me siento culpable por tanto tiempo después seguir con la misma pregunta constantemente ¿y si no hubiese habido otro puto avión de ida? Me siento tan mal porque quepa la posibilidad de haber sido yo la causante, por no haber sabido cuidar esto o qué sé yo. Y sí, sé que ya no hay vuelta atrás y que por más que duela, desgarre o mate lentamente es lo que ha pasado. No sabes, amor, que todas las noches me voy a dormir con la esperanza de que al despertar nada de esto haya pasado, porque el tiempo lo cura todo, incluso los corazones distanciados y durmiendo el tiempo es tan relativo... Dime que aún queda esperanza, que no la hemos perdido toda.

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