jueves, 30 de enero de 2014

Cuando se superan ciertos límites.

Si todo avanza, cambia, evoluciona en teoría también tendría que hacerlo yo. En teoría. Pero ¿sabéis? yo ya no creo en ninguna teoría, en ni una. En teoría deberías comerme a besos después de que yo te hubiera comido a ti, noche tras noche. En teoría deberíamos estar hablando continuamente mientras yo paso de mi conciencia que me dice que estudie. En teoría contariamos el uno con el otro, para absolutamente todo. En teoría cada mañana sería un whatsapp tuyo dándome los buenos el que me sacaría de un salto de la cama. En teoría siempre tendría el derecho y necesidad de dormirme sobre tu pecho mientras me acaricias el pelo. Tantas teorías que no se sustentan en nada distinto a mis sueños, mis necesidades.  El problema de la práctica es que modifica la teoría. En la práctica quien me come y no a besos es el miedo, ferozmente, desgarrando. En la práctica mi conciencia sigue pidiéndome que estudie pero porque me tiro horas y horas pensando en cuantas cosas quiero decirte y no puedo. En la práctica no cuento otra cosa que no sean los días sin ti, 35. En la práctica es la alarma la que me avisa de que me toca enfrentarme a todo y de la que paso porque no soy capaz de hacerlo. En la práctica no tengo derecho a ninguna de mis necesidades y ya no aguanto más. Y todo porque la distancia pasó los límites físicos metiendose de lleno en los emocionales.

viernes, 24 de enero de 2014

Cae la noche y caigo yo con ella.

Tengo miedo de estar destinada al fracaso. Nadie ve que me ahogo con mi propio aliento, que no soy capaz de elegir bien y que haga lo que haga va a salir mal. No miento cuando digo que todo es más oscuro últimamente, que ya nada es como antes y que solo yo me estoy dando cuenta. Que las noches que antes eran para soñarte, o soñar sobre todo ahora se ven reducidas a empapar almohadas, a perderme mientras pienso, a darle vueltas a todo, tan rápido que marea. Y joder como querría no verme tan sola tantas veces, como querría saber que hay alguien capaz de calmarme como tu antes hacías, quedándote al teléfono sin importe la hora, el lugar o la duración de la llamada. Me encantaría saber que todo va a salir bien, que no tengo que tener miedo a lo que se me viene encima pero sé que yo no estoy hecha para aguantar esto así, tan perdida. Necesito que quien me abrace por las noches seas tú y no este miedo que me consume poco a poco.

miércoles, 22 de enero de 2014

Con los cinco.

Cuando te fuiste no solo te llevaste mis ganas de dormir, también te llevaste mis sentidos. Sí, todos, los cinco. Olfato, gusto, tacto, vista y oído. Era tu olor, inconfundible, lo único que me quedaba tras estar contigo, bueno, eso y las ganas de verte de nuevo. Tu aroma en mi ropa, en todas y cada una de las cosas que tuvieron el placer de tenerte cerca, que ahora me golpea cuando bajo la guardia recordándome que un día estuviste aquí, maldito olfato. Pasemos al gusto. Aquí la palma se la llevan tus labios, tan dulces y cálidos que eran capaces de derretir al más gélido corazón, capaces de proporcionarte una sensación casi adictiva. El tacto, amor, mi favorito. El tacto de tu cuello, de tu pelo entre mis dedos o simplemente las caricias en la mejilla, podría tirarme horas así, con tu tacto en mis manos, con la sensación de tener una utopía entre ellas. ¿Algo más bonito que tus ojos cuando reías? Mi vista no recuerda nada capaz de superarla, y es que, juro que era capaz de iluminar el mundo, o al menos a mí. Verte era algo tan insignificante y a la vez tan grande, era morir en vida, morir de amor, joder. Ni mencionemos el oído, las canciones ya no suenan igual de bonitas ni los poemas se oyen tan claros. Ya ningún sonido me pone la piel de gallina como lo hacían tus palabras en mi oído, tus susurros sin razón aparente y que continuamente decías para reírte de cómo se ponía mi piel. Ahora sin sentidos, simplemente estoy pero no soy absolutamente nada. Quédatelos, los cinco, sin ti no me sirven para nada.

viernes, 17 de enero de 2014

Me equivocaría otra vez.

Otra vez estoy aquí, quizá con la esperanza de que escribiéndole a nadie consiga olvidarte o quizá con la esperanza de que la próxima vez que abra la puerta porque alguien ha llamado seas tú. Como aquella vez, ¿recuerdas? Yo no quisiera pero me acuerdo constantemente. Me golpean de un lado a otro de la cabeza tus palabras prometiéndome  que ibas a seguir aquí pero, ¿dónde estás? ¿dónde se ha ido todo lo que sentías? ¿cómo has conseguido olvidarlo todo tan rápido? Por favor, necesito saberlo, necesito dejar de echar de menos algo que debería estar pasando ahora. Echo de menos pasar frío y tenerte para congelarte con mis manos y no tener que conformarme con mi propio corazón helado. Echo de menos ver películas contigo y no tener que quitar todas y cada una de las que intento ver porque me llevan a ti. Echo de menos tanto, te echo tanto de menos… Y es odioso echar de menos a alguien que ni siquiera se acuerda de ti, joder, es horrible. Estoy harta e incluso rota de tener este nudo en la garganta tanto tiempo ya y no poder hacer otra cosa que no sea hacerlo más grande.  Porque amor, esto va cada vez a más menos yo que voy cada vez a menos. 

martes, 7 de enero de 2014

Y me quiebras las esquinas del corazón

Que se me quiebra la voz
Cada vez que te nombro, amor
Y bastante quebrada estoy yo.
Quizá me merecia todo esto, pero
¿Qué hago con todo este amor?

Quiero deshacerme de tus ganas,
De esta necesidad de tu calma.
Necesito que me robes el tiempo, o a mí
Porque esta ausencia me llueve demasiado
Y yo tengo adicción al sol, como a ti.

sábado, 4 de enero de 2014

A ti.

Hoy tengo la increíble necesidad de escribirte, porque a pesar de que tú no lo hagas yo te echo tanto de menos... Últimamente pienso mucho en que hice mal o que fallo hubo para que esto, que yo consideraba indestructible, se derrumbara por unos insignificantes kilómetros. La verdad es que echo de menos cosas que no dio tiempo a hacer pero de las que hablamos con tanta frecuencia que más que planes yo lo sentía como realidades a corto plazo. Echo de menos tus buenas noches, las de verdad, esas en voz baja en mitad de la noche en mi casa incluso los virtuales, no me importaba oír el "buenas noches fea" con los auriculares puestos y mirando a una pantalla, me daba igual el formato lo importante es que lo último que escuchaba al irme a dormir era tu voz. Por no hablar de tus abrazos esos que sabías que eran mi debilidad y que tú usabas para desarmarme en cualquier momento rodeándome por la espalda y dándome un beso en la mejilla. Pero si se trata de cosas dulces deberíamos hablar de cuando me acariciabas el pelo, yo me quedaba mirándote y no había ni que hablar. Espero que supieras en esos momentos que no había nada que me hiciera más feliz qué saberte  mío, nunca te lo dije porque como diría Julio Cortázar: "Las palabras nunca alcanzan cuando lo que se quiere decir desborda el alma". ¿Qué ha pasado? ¿Qué nos ha pasado?  necesito respuestas. Éramos irrompibles, nos había pasado de todo y ahí seguíamos queriéndonos tanto que, al menos yo, no veía nunca el final de algo así. Era difícil pero como era de feliz, joder. Y seamos sinceros siempre supe aceptar las derrotas hasta que se trató de perderte a ti.