martes, 20 de enero de 2015

¿Hay destino más suicida que el fracaso? Desde hace tiempo me doy cuenta de que todo lo que intento conseguir huye de manera vertiginosa de mi lado. Me refugio en eso de que unas veces se gana y otras se pierde. Pero, joder, cómo hiere perder lo que es realmente importante. Pierdo oportunidades aun sabiendo que son únicas, aun sabiendo que no van a volver; por unas razones u otras se me escapan sin que pueda hacer nada al respecto. Quizás porque no reacciono a tiempo o porque no lucho por ellas lo suficiente. He perdido personas que esperaba no perder, luchando contra todo lo que me alejaba de ellas; en vano.  Perder tanto cansa. Saber de antemano que en cualquier aspecto de tu vida por mucho que lo intentes siempre vas a acabar perdiendo. Saber que por mucho que lo intentes no puedes más, que estallas y cuando lo haces no hay posibilidad alguna de autoreconstrucción. Me he roto tantísimas veces que ya no sé si en alguno de esos intentos de resurgir lo he llegado a lograr o si no soy más que un montón de cenizas intentando ser persona, y claro. No sé, a veces creo estar destinada al fracaso.

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