Me ahoga el silencio, gota a gota, palabra a palabra.
Estuve tan rota que hasta me tranquilizaba, sabía que no
podía ir a peor.
Estuve tan muerta, tan en parada cardiaca, que sentir dolor
me hacía sentirme viva.
Tan reducida a cenizas que no me quedó otra que resurgir de
ellas, aunque costó.
Me costó ver de nuevo lo bonito de las cosas, lo bonito de
mí, y aún cuesta.
Y es lo bueno que tenemos la ruinas, que una vez rotas solo
pueden hacernos resurgir.
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