viernes, 5 de septiembre de 2014

No hay día que no me pregunte cuanto va a durar esto. Cuanto tiempo más necesito para ver que te has ido sin intención de volver a mí. Han pasado cosas, demasiadas. Ha pasado tiempo y todo sigue recordándome a ti. Sigues en el olor de mi almohada y de vez en cuando aparece tu aroma para dejarme más rota que entera. Sigue tu camiseta en un cajón, nunca he sabido qué hacer con ella porque es la única manera que me queda de poder notar tu tacto en noches en las que echo de menos saber de ti. No hay un puto día en el que no me coma la conciencia por dentro, no hay ni un día en el que sienta que me rendí demasiado pronto y que mi castigo es este, no levantar cabeza por si no te encuentro al mirar hacia arriba. Juro que no soporto echarte tantísimo de menos, todo contigo era tan fácil… Siento, y quizás creas que soy imbécil por creerlo, que nunca voy a poder olvidarme de ti. Siento que nadie puede estar a la altura de la felicidad que me dabas y sé que es así. Era tan feliz, aun cuando lloraba sin motivo aparente en el fondo sabía que tenerte me daba impulso para acabar con todo. ¿Y qué tengo ahora? Tengo un entorno que me lleva continuamente a tus recuerdos y que me hacen sonreír, porque aun siendo recuerdo no consigues ser olvido. Tengo un dolor de corazón que ojalá no fuera ni la mitad de literal de lo que lo es, porque dueles, duele no tenerte y saber que por más que quiera tú ya no estás. Duele tanto que ojalá algún día y no dentro de mucho aparezcas en mitad de la caída y me cures las heridas.

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