No hay día que no me pregunte cuanto va a durar esto. Cuanto
tiempo más necesito para ver que te has ido sin intención de volver a mí. Han
pasado cosas, demasiadas. Ha pasado tiempo y todo sigue recordándome a ti.
Sigues en el olor de mi almohada y de vez en cuando aparece tu aroma para
dejarme más rota que entera. Sigue tu camiseta en un cajón, nunca he sabido qué
hacer con ella porque es la única manera que me queda de poder notar tu tacto
en noches en las que echo de menos saber de ti. No hay un puto día en el que no
me coma la conciencia por dentro, no hay ni un día en el que sienta que me
rendí demasiado pronto y que mi castigo es este, no levantar cabeza por si no
te encuentro al mirar hacia arriba. Juro que no soporto echarte tantísimo de
menos, todo contigo era tan fácil… Siento, y quizás creas que soy imbécil por
creerlo, que nunca voy a poder olvidarme de ti. Siento que nadie puede estar a
la altura de la felicidad que me dabas y sé que es así. Era tan feliz, aun
cuando lloraba sin motivo aparente en el fondo sabía que tenerte me daba
impulso para acabar con todo. ¿Y qué tengo ahora? Tengo un entorno que me lleva
continuamente a tus recuerdos y que me hacen sonreír, porque aun siendo
recuerdo no consigues ser olvido. Tengo un dolor de corazón que ojalá no fuera
ni la mitad de literal de lo que lo es, porque dueles, duele no tenerte y saber
que por más que quiera tú ya no estás. Duele tanto que ojalá algún día y no
dentro de mucho aparezcas en mitad de la caída y me cures las heridas.
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