Si todo avanza, cambia, evoluciona en teoría también tendría que hacerlo yo. En teoría. Pero ¿sabéis? yo ya no creo en ninguna teoría, en ni una. En teoría deberías comerme a besos después de que yo te hubiera comido a ti, noche tras noche. En teoría deberíamos estar hablando continuamente mientras yo paso de mi conciencia que me dice que estudie. En teoría contariamos el uno con el otro, para absolutamente todo. En teoría cada mañana sería un whatsapp tuyo dándome los buenos el que me sacaría de un salto de la cama. En teoría siempre tendría el derecho y necesidad de dormirme sobre tu pecho mientras me acaricias el pelo. Tantas teorías que no se sustentan en nada distinto a mis sueños, mis necesidades. El problema de la práctica es que modifica la teoría. En la práctica quien me come y no a besos es el miedo, ferozmente, desgarrando. En la práctica mi conciencia sigue pidiéndome que estudie pero porque me tiro horas y horas pensando en cuantas cosas quiero decirte y no puedo. En la práctica no cuento otra cosa que no sean los días sin ti, 35. En la práctica es la alarma la que me avisa de que me toca enfrentarme a todo y de la que paso porque no soy capaz de hacerlo. En la práctica no tengo derecho a ninguna de mis necesidades y ya no aguanto más. Y todo porque la distancia pasó los límites físicos metiendose de lleno en los emocionales.
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