Hoy tengo la increíble necesidad de escribirte, porque a pesar de que tú no lo hagas yo te echo tanto de menos... Últimamente pienso mucho en que hice mal o que fallo hubo para que esto, que yo consideraba indestructible, se derrumbara por unos insignificantes kilómetros. La verdad es que echo de menos cosas que no dio tiempo a hacer pero de las que hablamos con tanta frecuencia que más que planes yo lo sentía como realidades a corto plazo. Echo de menos tus buenas noches, las de verdad, esas en voz baja en mitad de la noche en mi casa incluso los virtuales, no me importaba oír el "buenas noches fea" con los auriculares puestos y mirando a una pantalla, me daba igual el formato lo importante es que lo último que escuchaba al irme a dormir era tu voz. Por no hablar de tus abrazos esos que sabías que eran mi debilidad y que tú usabas para desarmarme en cualquier momento rodeándome por la espalda y dándome un beso en la mejilla. Pero si se trata de cosas dulces deberíamos hablar de cuando me acariciabas el pelo, yo me quedaba mirándote y no había ni que hablar. Espero que supieras en esos momentos que no había nada que me hiciera más feliz qué saberte mío, nunca te lo dije porque como diría Julio Cortázar: "Las palabras nunca alcanzan cuando lo que se quiere decir desborda el alma". ¿Qué ha pasado? ¿Qué nos ha pasado? necesito respuestas. Éramos irrompibles, nos había pasado de todo y ahí seguíamos queriéndonos tanto que, al menos yo, no veía nunca el final de algo así. Era difícil pero como era de feliz, joder. Y seamos sinceros siempre supe aceptar las derrotas hasta que se trató de perderte a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario